Cesarina, quien en una boca endulce esa palabra
Qué fábula trepadora forja el silencio de su eco
Qué llama enaltece la luz de sus letras, de sus silabas...
Es en su sombra el destello de una estrella adormecida.
Nombre de terciopelo de aglomerada profundidad
Claridad desnuda de un arrebato de un cielo latente.
Qué brazos son incapaces de acoger ese nombre
Qué soledad ambulante no logra tocar el calor de su acento.
Que llene mi vida sus pasos errantes, de calor precipitado
Que llene con el estruendo de aquella voz mi vacío
Que colme de dicha el cielo templado de la primavera.
Quién en su oído no oye el agudo redoble de sus pasos
En qué mar el viento canta aquel nombre cuando la luna llora,
Sólo dejadme vivir en el tiempo de la voz que pronuncia su nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario