A Don Olegario Tenorio Gallegos
De las inmensas profundidades de la tierra inmortal
De los claustros cerrojos del vientre de su madre
Surgió desde las entrañas del fuego un hombre
Un ser que heredaría la gracia de la negrura oculta.
Quien en sus años amargos construyó muros de esperanza
Quien en trovas fluyentes enmarco las infinitas alegrías,
Es en su vida un río de plata, su albor una moneda de oro
Una mancha de rebelión que diluye la letra mas profana.
Aquel hombre que echo raíces en mis manos subterráneas
Aquel ser que en su mirada cálida dibujo estepas y llanos
Una planicie verde, una aire puro lleno de nostalgia.
Fue en Ayacucho donde su padre concluyo su felicidad
Con gotas de lágrimas reclamadas por la ausencia,
Es ahora una tenue luz pero lleva en su corazón la más altiva llama.
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