Mírame, que no hay dentro de mí nada
Sólo un latido recio y su mirada
Que encalla en el perfil de tu figura
En tu boca, el calor de su dulzura.
No sé nada de ti, pero me llamas
En la luz y en la noche entre sus ramas.
Perdón si dejo caer rimas mudas
En el calor de tus manos desnudas.
Ofrece tu juventud la belleza
A mi cansada alma una calidez,
Que me demuestra de ti la pureza.
Mirarnos, si podremos sin temor,
Mirar el infinito en su altivez
Y decirte que anhelo ser tu amor.
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