Con un grito sobre las sombras
Mi alma cruje ante la nostalgia.
Con un rasguño sobre mi espalda
Tus manos se aferraron a mi alma.
Los días desolados como desiertos
Sienten la tristeza de mis pasos,
Y en las tardes enrojecidas como mejillas
Llorare estrellas húmedas al ver el ocaso.
Como un animal hambriento y solitario
Comparto mi soledad con los humanos.
Como un sencillo y pequeño anillo
Entre la oscuridad del mundo busco tus manos.
El vacío brindado por ti se iguala
Al vacío que deja un ser fallecido
Pues tu partida fue en mi silencio
Un quebranto que no se ha extinguido.
En mi desierto se derramo la melancolía
Y mis versos se hallan entristecidos
Tengo aún la esperanza de tu llegada
De ver tus ojos en los celajes encendidos.
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