sábado, 17 de octubre de 2009

Perseguidor de Estrellas




A mi padre Victor Julio Henrriquez

Por los rizos de mi voz desesperanzada se destila este albor

Por las distancias de su persona es que se entristece las horas

Acusa la pena el sueño de una temporada en nuestra casa

Un hogar donde el silencio sin él cobijaba los ventosos otoños.

Perseguidor de estrellas, que la aurora entibie su ausencia

Y que su presencia aplaque la ácida soledad de nuestra primavera

Donde las hojas de nuestra calle lustran nuestra intranquilidad

Pétalos de abrazos acusados por filtrar el agua bendita del amor.

Son de sus ojos la llegada y de sus labios el beso de despedida

Hoy que su piel cumple un invierno más lleva una rara alegría infinita

Acompañado de mortales que llevan en si luces votivas y fugaces.

Porque su alma es un pañuelo donde a veces no se limpia el desamor

Porque la campana de su voz es un estruendo de llamaradas

Un portal donde cruzan espíritus alados de pies descalzos.

Aislamientos Alternos - Por Victor Luis Henrriquez Tenorio




A Jorge Melgarejo


Ese antifaz tieso de soledad
Que traza el contorno de tu mirada,
Centellas de claridad encerada
Es reflejo de fiera tempestad.
Persisto de entre tus ojos el hombre
Aquel quebranto de largas espinas
Las vagas caminatas serpentinas
Pues fueron para ti como un pronombre.
Hoy mis núcleos fríos eternizados,
Exalto tu soledad estrellada
Como un capullo repleto de abismos.
¿Cómo veré de tu aire la carnada?
¿Dónde nos hallaremos enclaustrados?
Pues sólo en vacíos somos los mismos.



El Vacío por ti dejado




Con un grito sobre las sombras

Mi alma cruje ante la nostalgia.

Con un rasguño sobre mi espalda

Tus manos se aferraron a mi alma.


Los días desolados como desiertos

Sienten la tristeza de mis pasos,

Y en las tardes enrojecidas como mejillas

Llorare estrellas húmedas al ver el ocaso.


Como un animal hambriento y solitario

Comparto mi soledad con los humanos.

Como un sencillo y pequeño anillo

Entre la oscuridad del mundo busco tus manos.


El vacío brindado por ti se iguala

Al vacío que deja un ser fallecido

Pues tu partida fue en mi silencio

Un quebranto que no se ha extinguido.


En mi desierto se derramo la melancolía

Y mis versos se hallan entristecidos

Tengo aún la esperanza de tu llegada

De ver tus ojos en los celajes encendidos.



Canto Sencillo






Cabellos de fuego, boca de anillo.

Mujer, tu piel incandescente marco

Mi piel, cuando besaba tu ombligo.


Permite que tu amor se derrame

Y humedezca toda mi vida,

Para que de ti no pueda alejarme.


Tu cuello plateado, tus ojos de oro

Calman la gruesa tempestad

Que sacude mi alma cuando estoy solo.


Deja que tu amor se irradie al provocarte

Y empape de ternura mis ojos,

Para que yo, de nuevo, vuelva amarte.


No dejes que me envuelva solo

Y dormido esta noche nublada,

Cobíjame en lo hondo de tus ojos.


Cabellos de fuego, tu canto es sencillo

Tan suave como un arrullo

Tan delgado como un hilo.


No te pierdas esta noche, del camino

Que lleva a mi amor, para que en el albor

Despertemos como dos metales fundidos.

Oda a un Padre Ayacuchano




A Don Olegario Tenorio Gallegos

De las inmensas profundidades de la tierra inmortal

De los claustros cerrojos del vientre de su madre

Surgió desde las entrañas del fuego un hombre

Un ser que heredaría la gracia de la negrura oculta.

Quien en sus años amargos construyó muros de esperanza

Quien en trovas fluyentes enmarco las infinitas alegrías,

Es en su vida un río de plata, su albor una moneda de oro

Una mancha de rebelión que diluye la letra mas profana.

Aquel hombre que echo raíces en mis manos subterráneas

Aquel ser que en su mirada cálida dibujo estepas y llanos

Una planicie verde, una aire puro lleno de nostalgia.

Fue en Ayacucho donde su padre concluyo su felicidad

Con gotas de lágrimas reclamadas por la ausencia,

Es ahora una tenue luz pero lleva en su corazón la más altiva llama.