La noche cae sobre la sombra del alba,
Y juntos tú y yo la felicidad es copa de plata,
Fue en tu espíritu las rosas de las nubes acostadas,
El camino de la sangre bruñida impone tu rostro,
¡Ah! La mañana perdida, ¡Ah! Los campos de oro,
¡Ah! Que seas tú luz de cuarto menguante,
El mar con su forma de cisne plateado,
¡Ah! La frescura de la efigie de tu cuerpo.
Porque navegué sobre aguas machacadas
En bodegas de olas de estrellas rompientes
Sobre columnas de arena en formas de besos.
Deja que el cristal ahogue tus lágrimas,
Y que tu ventana de cielo sea flecha de flores,
Permitiendo al tiempo prolongar tu sonrisa estelar.
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