Se desploma el racimo de fuego de tu cabello en mis
manos
Y la fiesta del crepúsculo se incendia en tus
mejillas,
La tarde se ancla e inclina en tu piel tersa
Como pétalo de labio con que se dibujo tu sonrisa.
Hube de atesorar con valía el carmín fragante de tu
belleza,
Fue en mí la evocación profunda del estanque de tus
pupilas,
Eres mi confidente, hembra ponzoñosa con veneno de
pureza,
Eres la alegría con que se entretuvo mi corazón, tras
la ola repentina.
La luna oyó mi voz caída, y los celajes arroparon tu
cuerpo con anillos,
Desenterré con mis dedos las ramas de tu ausencia
mojada,
Pero mi silencio y soledad son tus lágrimas,
despeñándose en un abismo.
Desarraiga el malestar de mi taciturno y meditabundo
espíritu
Con tu cariño en forma de amapola, con perfil de rosa
plateada.
Fuiste y serás de mi cielo… el más distante y
constelado infinito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario