Hembra, crisantemo sin fondo, madero barnizado
Que tu silencio envuelva la oscuridad de mi cuerpo
Que la dicha de tu desdicha cabalgue mi ímpetu,
Y que los capullos de tus ojos lentamente se entornen
En la frontera de mis brazos, en la caída de la lluvia.
Con tu boca en mi frente, deja que corra la marea
Vespertina como un segundo soleado perseverado.
Yo quiero que el aroma de tu sollozo llegue hasta mí
Que la negrura de tu cicatriz encalle en mi piel
En mi boca, en un beso, en una caricia latente
En una mirada transparente de ensueño y melancolía.
Hermosa mujer, que el deseo indómito de tu añoranza
Libre el desliz de la sombra que llevas en tu cabello
Ámame como amas el fuego apagado de un corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario